miércoles, 19 de noviembre de 2008

PLATON ENSEÑA A APRENDER

PLATÓN

MENÓN

[SÓCRATES] SÓC. ––(…) No es que no teniendo yo problemas, problematice sin em­bargo a los demás [1], sino que estando yo totalmente pro­blematizado, también hago que lo estén los demás. Y aho­ra, «qué es la virtud», tampoco yo lo sé; pero tú, en cam­bio, tal vez sí lo. sabías antes de ponerte en contacto con­migo, aunque en este momento simules a quien no lo sa­be. No obstante, quiero investigar contigo e indagar qué es ella.

[MENÓN] MEN. ––¿Y de qué manera buscarás, Sócrates, aque­llo que ignoras totalmente qué es? ¿Cuál de las cosas que ignoras vas a proponerte como objeto de tu búsqueda? Porque si dieras efectiva y ciertamente con ella, ¿cómo advertirás, en efecto, que es ésa que buscas, desde el mo­mento que no la conocías?

SÓC. ––Comprendo lo que quieres decir, Menón. ¿Te das cuenta del argumento erístico[2] que empiezas a entre­tejer: que no le es posible a nadie buscar ni lo que sabe ni lo que no sabe? Pues ni podría buscar lo que sabe ––puesto que ya lo sabe, y no hay necesidad alguna enton­ces de búsqueda––, ni tampoco lo que no sabe ––puesto que, en tal caso, ni sabe lo que ha de buscar––.

MEN. ––¿No te parece, Sócrates, que ese razonamien­to está correctamente hecho?

SÓC. –– A mí no.

MEN. –– ¿Podrías decir por qué?

SÓC. –– Yo sí. Lo he oído, en efecto, de hombres y mu­jeres sabios en asuntos divinos... [3].

MEN. –– ¿Y qué es lo que dicen?

SÓC. –– Algo verdadero, me parece, y también bello.

MEN. ––¿Y qué es, y quiénes lo dicen?

SÓC. –– Los que lo dicen son aquellos sacerdotes y sa­cerdotisas que se han ocupado de ser capaces de justifi­car el objeto de su ministerio. Pero también lo dice Pín­daro y muchos otros de los poetas divinamente inspira­dos[4]. Y las cosas que dicen son éstas ––y tú pon atención si te parece que dicen verdad––: afirman, en efecto, que el alma del hombre es inmortal, y que a veces termina de vivir ––lo que llaman morir––, a veces vuelve a renacer, pero no perece jamás. Y es por eso por lo que es necesa­rio llevar la vida con la máxima santidad, porque de quienes...

Perséfone el pago de antigua condena

haya recibido, hacia el alto sol en el noveno año

el alma de ellos devuelve nuevamente,

de las que reyes ilustres

y varones plenos de fuerza y en sabiduría insignes surgirán.

Y para el resto de los tiempos héroes

sin mácula por los hombres serán llamados [5].

El alma, pues, siendo inmortal y habiendo nacido mu­chas veces, y visto efectivamente todas las cosas, tanto las de aquí como las del Hades, no hay nada que no haya aprendido; de modo que no hay de qué asombrarse si es posible que recuerde, no sólo la virtud, sino el resto de las cosas que, por cierto, antes también conocía. Estan­do, pues, la naturaleza toda emparentada consigo misma, y habiendo el alma aprendido todo, nada impide que quien recuerde una sola cosa ––eso que los hombres llaman aprender––, encuentre él mismo todas las demás, si es va­leroso e infatigable en la búsqueda. Pues, en efecto, el bus­car y el aprender no son otra cosa, en suma, que una reminiscencia[6].

No debemos, en consecuencia, dejarnos persuadir por ese argumento erístico. Nos volvería indolentes, y es pro­pio de los débiles escuchar lo agradable; este otro, por el contrario, nos hace laboriosos e indagadores. Y porque confío en que es verdadero, quiero buscar contigo en qué consiste la virtud.

MEN. ––Sí, Sócrates, pero ¿cómo es que dices eso de que no aprendemos, sino que lo que denominamos apren­der es reminiscencia? ¿Podrías enseñarme que es así?

SÓC. –– Ya te dije poco antes, Menón, que eres taima­do; ahora preguntas si puedo enseñarte yo, que estoy afir­mando que no hay enseñanza, sino reminiscencia, evidentemente para hacerme en seguida caer en contradicción conmigo mismo.

MEN. –– ¡No, por Zeus, Sócrates! No lo dije con esa in­tención, sino por costumbre. Pero, si de algún modo pue­des mostrarme que en efecto es así como dices, muéstra­melo.

C. –– ¡Pero no es fácil! Sin embargo, por ti estoy dis­puesto a empeñarme. Llámame a uno de tus numerosos servidores que están aquí, al que quieras, para que pue­da demostrártelo con él[7].

MEN. –– Muy bien. (A un servidor.) Tú, ven aquí.

SÓC. –– ¿Es griego y habla griego?

MEN. –– Perfectamente; nació en mi casa.

SÓC. –– Pon entonces atención para ver qué te parece lo que hace: si recuerda o está aprendiendo de mí.

MEN. –– Así haré.

SÓC. –(Al servidor.) Dime entonces, muchacho, ¿cono­ces que una superficie cuadrada es una figura así? (La dibuja.)

SERVIDOR. –– Yo sí.

SÓC. –– ¿Es, pues, el cuadrado, una superficie que tie­ne todas estas líneas iguales, que son cuatro?

SERVIDOR. –– Perfectamente.

SÓC. –– ¿No tienen también iguales éstas trazadas por el medio?

SERVIDOR. ––Sí.


[Al cuadrado inicial (ABCD), Sócrates agrega las líneas. EF y GH.]

SÓC. –– ¿Y no podría una superficie como ésta ser ma­yor o menor?

[Sócrates seguramente señala, primero, el cuadrado mayor (ABCD) y, después, alguno de los menores (p. ej.: AHOE, HBFO, EOGD, etc.).]

SERVIDOR. –– Desde luego.

SÓC. –– Si este lado fuera de dos pies y este otro tam­bién de dos, ¿cuántos pies tendría el todo [8]? Míralo así: si fuera por aquí de dos pies, y por allí de uno solo,

[Sócrates compara uno de los lados del cuadrado mayor (p. ej.: BC) con otro de la figura menor (p. ej.: el AE de la figura ABFE).] ¿no sería la superficie de una vez dos pies [9]?

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– Pero puesto que es de dos pies también aquí, ¿qué otra cosa que dos veces dos resulta?

SERVIDOR. –– Así es.

SÓC. –– ¿Luego resulta, ciertamente, dos veces dos pies?

SERVIDOR. –– Sí.

C. –– ¿Cuánto es entonces dos veces dos pies? Cuén­talo y dilo.

SERVIDOR. –– Cuatro, Sócrates.

SÓC. –– ¿Y podría haber otra superficie, el doble de és­ta, pero con una figura similar, es decir, teniendo todas las líneas iguales como ésta?

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. ––¿Cuántos pies tendrá?

SERVIDOR. –– Ocho.

SÓC. –– Vamos, trata ahora de decirme cuál será el lar­go que tendrá cada una de sus líneas. Las de ésta tienen dos pies, ¿pero las de ésa que es doble?

SERVIDOR. –– Evidentemente, Sócrates, el doble.






[Obviamente, la respuesta es equivocada.]


SÓC.––¿Ves, Menón, que yo no le enseño nada, sino que le pregunto todo. Y ahora él cree saber cuál es el lar­go del lado del que resultará una superficie de ocho pies, ¿o no te parece?

MEN. –– A mí sí.

SÓC. –– ¿Pero lo sabe?

MEN. –– Claro que no.

SÓC. –– ¿Pero cree que es el doble de la otra?

MEN. –– Sí.

SÓC. –– Observa cómo él va a ir recordando en segui­da, como hay, en efecto, que recordar.

(Al servidor.) Y tú, dime: ¿afirmas que de la línea do­ble se forma la superficie doble? Me refiero a una super­ficie que no sea larga por aquí y corta por allí, sino que sea igual por todas partes, como ésta, pero el doble que ésta, de ocho pies. Fíjate si todavía te parece que resulta­rá el doble de la línea.

SERVIDOR. ––A mí sí.

SÓC. –– ¿No resulta ésta el doble que aquélla, si agre­gamos desde aquí otra cosa así?

[«ésta» (AJ); «aquélla» (AB); «otra» (BJ).]

SERVIDOR. –– Por supuesto.

SÓC. –– ¿Y de ésta [La línea AJ], afirmas que resultará una super­ficie de ocho pies, si hay cuatro de ellas iguales?

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– Dibujemos, pues, a partir de ella, cuatro igua­les.

¿No sería ésa la superficie de ocho pies que tú afirmas?

SERVIDOR. –– Por supuesto.

SÓC. –– ¿Pero no hay en esta superficie estos cuatro cuadrados, cada uno de los cuales es igual a ése de cua­tro pies?




[Sócrates agrega al dibujo anterior las líneas CM y CN con lo que resulta la siguiente figura:]

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– ¿De qué. tamaño resultará entonces? ¿No es cuatro veces mayor?

SERVIDOR. –– Desde luego.

SOC. ––¿Y es doble lo que es cuatro veces mayor?

SERVIDOR. –– ¡No, por Zeus!

SÓC. ––¿Cuántas veces entonces?

SERVIDOR. –– El cuádruple.

SÓC. –– Entonces, de la línea doble, muchacho, no re­sulta una superficie doble sino cuádruple.

SERVIDOR. –– Es verdad.

SÓC. –– Y cuatro veces cuatro es dieciséis, ¿no?

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– Entonces la superficie de ocho pies, ¿de cuál línea resulta? De ésta [De AJ] nos ha resultado el cuádruple.

SERVIDOR. –– Eso digo.

SÓC. –– ¿Y esta cuarta parte resulta de la mitad de es­ta línea aquí?

[ABC

D es la cuarta parte de AJKL, y AB la mitad de AJ.]

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC.––Bien. ¿Pero la de ocho pies no es el doble de ésta y la mitad de ésa?

[«Ésta» (ABCD), «ésa» (AJKL).]

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– ¿No resultará entonces una línea mayor que és­ta, pero menor que ésa [«Ésta» (AB), =ésa» (AJ)], o no?

SERVIDOR. ––A mí me parece que sí.

SÓC. –– ¡Muy bien!, pues lo que a ti te parece es lo que debes contestar. Y dime: ¿esta línea no era de dos pies y ésa de cuatro?

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– Entonces es necesario que la línea de la super­ficie de ocho pies sea mayor que ésta, que tiene dos pies, y menor que ésa, que tiene cuatro.

SERVIDOR. –– Es necesario.

SÓC. –– Trata de decir qué largo afirmas que tendrá.

SERVIDOR. ––Tres pies.

SÓC. –– Si ha de ser de tres pies, ¿agregamos la mitad de ésta [La mitad de BJ] y tendrá tres pies? Porque ésos son dos pies, és­te, uno; y por aquí, igualmente, dos éstos y uno éste, y así resulta la superficie que tú afirmas. [Sócrates completa el cuadrado AZPQ. «Ésos» (AB), «éste» (BZ), «éstos» (AD), «éste» (DQ). La figura re­sultante es:]







SERVIDOR. ––Sí.

SÓC. –– De modo que si tiene tres por aquí y tres por allí, ¿la superficie total resulta tres veces tres pies?

SERVIDOR. –– Evidentemente.

SÓC. ––Tres veces tres, ¿cuántos pies son?

SERVIDOR. –– Nueve.

SÓC. ––¿Y cuántos pies tiene la superficie del doble?

SERVIDOR. –– Ocho.

SÓC.–– Entonces de la línea de tres pies tampoco deri­va la superficie de ocho.

SERVIDOR. –– Desde luego que no.

SÓC. ––Pero entonces, ¿de cuál? Trata de decírnoslo con exactitud. Y si no quieres hacer cálculos, muéstranos­la en el dibujo.

SERVIDOR. –– ¡Por Zeus!, Sócrates, que yo no lo sé.

SÓC. –– Te das cuenta una vez más, Menón, en qué pun­to se encuentra ya del camino de la reminiscencia? Por­que al principio no sabía cuál era la línea de la superficie de ocho pies, como tampoco ahora lo sabe aún; sin em­bargo, creía entonces saberlo y respondía con la seguri­dad propia del que sabe, considerando que no había pro­blema. Ahora, en cambio, considera que está ya en el pro­blema, y como no sabe la respuesta, tampoco cree saberla.

MEN. –– Es verdad.

SÓC. ––¿Entonces está ahora en una mejor situación con respecto del asunto que no sabía?

MEN. –– Así me parece.

SÓC. –– Al problematizarlo y entorpecerlo, como hace el pez torpedo, ¿le hicimos algún daño?

MEN. –– A mí me parece que no.

SÓC. –– Le hemos hecho, al contrario, un beneficio pa­ra resolver cómo es la cuestión. Ahora, en efecto, busca­rá de buen grado, puesto que no sabe, mientras que muchas veces antes, delante de todos, con tranquilidad, creía estar en lo cierto al hablar de la superficie doble y supo­nía que había que partir de una superficie del doble de largo.

MEN. –– Así parece.

SÓC.––¿Crees acaso que él hubiera tratado de buscar y aprender esto que creía que sabía, pero ignoraba, antes de verse problematizado y convencido de no saber, y de sentir el deseo de saber?

MEN. ––Me parece que no, Sócrates.

SÓC. ––¿Ha ganado, entonces, al verse entorpecido?

MEN. –– Me parece.

SÓC. –– Observa ahora, arrancando de este problema, qué es lo que efectivamente va a encontrar, buscando conmigo, sin que yo haga más que preguntar, y sin enseñar­le. Vigila por si me agarras enseñándole y explicándole en lugar de interrogarle por sus propios pareceres.

(Al servidor.) Dime entonces tú: ¿No tenemos aquí una superficie de cuatro pies?

[El cuadrado ABCD. Guthrie y Bluck piensan que es probable que, en este momento, Sócrates borre las figuras anteriores o dibuje al lado de ellas una nueva.]

SERVIDOR. ––Sí.

SÓC. ––¿Podemos agregarle a ésa otra igual?

[DCNL]

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– ¿Y esta tercera, igual a cada una de ésas?

[CMKN]

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– ¿No podríamos completar, además, este ángulo?

[El formado por los lados BC y CM]

SERVIDOR. –– Por supuesto.

SÓC. ––¿No resultarían entonces estas cuatro super­ficies iguales?

SERVIDOR. ––Sí.

SÓC. ––¿Y qué? ¿El todo éste cuántas veces es mayor que aquél?

[«Este» (AJKL); «aquél» (ABCD)]

SERVIDOR.––Cuatro veces.

SÓC. –– Pero nosotros necesitábamos que fuera doble, ¿no te acuerdas?

SERVIDOR. –– Por supuesto.

SÓC. –– Entonces esta línea que va de un ángulo a otro, ¿no corta en dos a cada una de estas superficies?

[Es la línea DB-BM-MN-ND]

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. –– ¿No son cuatro estas líneas iguales que encie­rran esta superficie?

[La superficie DBMN]

SERVIDOR. –– Lo son, en efecto.

SÓC. ––Observa ahora: ¿qué tamaño tiene esta superficie?

SERVIDOR. –– No entiendo.

SÓC. –– De éstas, que son cuatro, ¿no ha cortado cada línea en su interior la mitad de cada una?, ¿o no?

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. ––¿Y cuántas de esas mitades hay en ésta?

[En DBMN]

SERVIDOR. ––Cuatro.

SÓC. –– ¿Y cuántas en ésa?

[En DBMN]

SÓC. ––¿Qué es cuatro de dos?

[En DBMN]

SERVIDOR. –– El doble.

[En DBMN]

SÓC. –– ¿Y esta superficie [DBMN], ¿cuántos pies tiene?

SERVIDOR. ––Ocho pies.

SÓC. –– ¿De cuál línea?

SERVIDOR. –– De ésta. [Cualquiera de las diagonales, pero, por lo que sigue, es, probable­mente, DB]

SÓC. –– ¿De la que habíamos trazado de ángulo a án­gulo en la superficie de cuatro pies?

SERVIDOR. –– Sí.

SÓC. ––Los sofistas [10] la llaman «diagonal», y puesto que si «diagonal» es su nombre, de la diagonal se llegará a obtener, como tú dices, servidor de Menón, la superfi­cie doble.

SERVIDOR. –– Por supuesto que sí, Sócrates.

SÓC. –– ¿Qué te parece, Menón? ¿Ha contestado él con alguna opinión que no le sea propia?

MEN.–– No, con las suyas.

SÓC. –– Y, sin embargo, como dijimos hace poco, an­tes no sabía.

MEN. –– Es verdad.

SÓC. –– Estas opiniones, entonces, estaban en él, ¿o no?

MEN. –– Sí.

SÓC. –– El que no sabe, por lo tanto, acerca de las co­sas que no sabe, ¿tiene opiniones verdaderas sobre eso que

efectivamente no sabe?

MEN.–– Parece.

SÓC. –– Y estas opiniones que acaban de despertarse ahora, en él, son como un sueño. Si uno lo siguiera inte­rrogando muchas veces sobre esas mismas cosas, y de ma­neras diferentes, ten la seguridad de que las acabaría co­nociendo con exactitud, no menos que cualquier otro.

MEN. –– Posiblemente.

SÓC. –– Entonces, ¿llegará a conocer sin que nadie le enseñe, sino sólo preguntándole, recuperando él mismo de sí mismo el conocimiento?

MEN. –– Sí.

SÓC. –– ¿Y este recuperar uno el conocimiento de sí mismo, no es recordar?

MEN. –– Por supuesto.

SÓC. –– El conocimiento que ahora tiene, ¿no es cierto que o lo adquirió, acaso, alguna vez o siempre lo tuvo?

MEN. –– Sí.

SÓC. ––Si, pues, siempre lo tuvo, entonces siempre también ha sido un conocedor; y si, en cambio, lo adqui­rió alguna vez, no será por cierto en esta vida donde lo ha adquirido. ¿O le ha enseñado alguien geometría? Por­que éste se ha de comportar de la misma manera con cual­quier geometría y con todas las demás disciplinas. ¿Hay, tal vez, alguien que le haya enseñado todo eso? Tú ten­drías, naturalmente, que saberlo, puesto que nació en tu casa y en ella se ha criado.

MEN. –– Sé muy bien que nadie le ha enseñado nunca.

SÓC. –– ¿Tiene o no tiene esas opiniones?

MEN. –– Indudablemente las tiene, Sócrates.

SÓC. ––Si no las adquirió en esta vida, ¿no es ya evi­dente que en algún otro tiempo las tenía y las había aprendido?

MEN. –– Parece.

SÓC. –– ¿Y no es ése, tal vez, el tiempo en que él no era todavía un hombre?

MEN. –– Sí.

SÓC. –– Si, pues, tanto en el tiempo en que es hombre, como en el que no lo es, hay en él opiniones verdaderas, que, despertadas mediante la interrogación, se convierten en fragmentos de conocimientos, ¿no habrá estado el alma de él, en el tiempo que siempre dura, en posesión del saber. Es evidente, en efecto, que durante el transcurso del tiempo todo lo es y no lo es un ser humano [11].

MEN. –– Parece.

SÓC. –– Por tanto, si siempre la verdad de las cosas es­tá en nuestra alma, ella habrá de ser inmortal. De modo que es necesario que lo que ahora no conozcas ––es decir, no recuerdes–– te pongas valerosamente a buscarlo y a recodarlo.

MEN. –– Me parece que dices bien, Sócrates, aunque no sé por qué.


GUIA DE PREGUNTAS:


1. ¿Cuál es el objeto de investigación en el diálogo Menón? 2. ¿Qué explicación da Sócrates de los efectos “problematizadores” que provoca? 3. ¿Se puede ensañar lo que no se sabe? Argumente en contra de esta posibilidad siguiendo el razonamiento de Menón. 4. ¿Qué es un argumento erístico? Ejemplifique. 5. ¿Por qué Sócrates debe recurrir a la autoridad de los sacerdotes y poetas? ¿Comete una falacia de autoridad (argumentum ad verecundiam) al hacerlo? 6. Explique el significado del verso de Píndaro citado por Sócrates. 7. Indague en los mitos griegos quién es Perséfone y cuál es su relación con la creencia en la reencarnación de las almas. 8. ¿Cómo se explica el conocimiento? 9. Explique: “nada impide que quien recuerde una sola cosa ––eso que los hombres llaman aprender––, encuentre él mismo todas las demás, si es va­leroso e infatigable en la búsqueda”. Según esto, ¿cuáles serían las condiciones o los requisitos de una investigación? 10. Compare la hipótesis sostenida en el punto anterior con ejemplos tomados de su propia experiencia. Esos ejemplos ¿confirman la hipótesis o la contradicen? 11. ¿Por qué Sócrates sostiene que el servidor no aprendió de él? 12. ¿Cuáles son los pasos en el camino del conocimiento como reminiscencia ejemplificados en el caso del servidor de Menón? 13. El entorpecimiento y la problematización ¿dañan el aprendizaje? Justifique su respuesta. 14. El deseo de saber ¿es natural? ¿es innato? Justifique su respuesta. 15. ¿Por qué preguntar no es enseñar?


[1] En griego se juega entre eúporon (no teniendo problemas) y apo­reîn (problematizar).

[2] En el sentido de falaz, engañoso.

[3] W. K. C. GUTHRIE (Plato. Protagoras and Meno, Harmondsworth, 1956, pág. 129) señala que hay seguramente aquí una pausa y un cambio de tono, que se hace más solemne en lo que sigue. El mismo autor sostie­ne que el pasaje refleja concepciones órficas. (Cf. Orpheus and Greek Re­ligion = Orfeo y la religión griega [trad. J. VALMARD], Buenos Aires, 1970, pág. 167.)

[4] En la Antigua Grecia, los poetas se consideraban inspirados por los dioses. De allí que sean citados como fuente de autoridad. Sócrates repite permanentemente que no sabe y que el único sabio es el dios.

[5] La cita se atribuye a PÍNDARO, fr. 137 (TURYN) = 127 (BOWRA) = 133 (SNELL).

[6] Recuerdo, memoria.

[7] El esclavo o servidor no ha sido instruido en matemáticas y, por lo tanto, no debería saber matemáticas. Sócrates se propone mostrar que sí sabe, y que su saber sólo puede explicarse por la teoría (de la reminiscencia) que acaba de desarrollar basándose en la autoridad de los poetas y los sacerdotes. Tal explicación resulta verdadera, entonces, no ya por autoridad, sino porque es la única posible del hecho de que el servidor sepa.

[8] Los griegos no disponían de un término para referirse a pies cuadrados.

[9] Es decir, dos pies cuadrados.

[10] Con el significado de «expertos», «técnicos» o «especialistas, sin connotaciones peyorativas. (Véase n. 8 de Protágoras.)

[11] Adviértase el empleo de las dos expresiones referidas al tiempo: tón aeì chrónon (el tiempo que dura siempre) y tón pànta chrónon (el trans­curso del tiempo todo).

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